MASCOTAS, DUELO POR SU PÉRDIDA O MUERTE

Mascotas, duelo por su pérdida o muerte.

                                                                              Psic. y tanatólogo Andrés de González Argüelles

 

   Las mascotas son adorables, son seres muy hermosos con los que aprendemos a vivir y se integran como parte de la familia. Un perrito, un gatito, y cualquier otro animalito, llega a ser nuestro mejor amigo.

   La mascota no riñe, no discute, obedece y es cariñosa. Será nuestra compañera fiel por siempre, y nos alegra permanentemente al recibirnos siempre contenta .

   Cabe señalar que algunas especies nos brindan también una ayuda invaluable para tratar diversas discapacidades y condiciones , tal es el caso de los caballos a través de la equino-terapia, así podemos mencionar: retraso mental, parálisis cerebral, autismo, lesiones medulares, síndrome de down, anorexia, bulimia, y baja autoestima, entre otras.

   Las personas que tienen mascotas en sana y responsable convivencia, pueden disminuir la sensación de soledad , estrés y ansiedad, por otra parte, su nivel de salud físico y mental generalmente mejora y esa especie del reino animal, les puede brindar una ayuda y acompañamiento a lo largo de su duelos por pérdidas significativas , ya sea de  personas, cosas o inclusive otra mascota.

   Cuando una mascota se muere o se pierde, el dolor es muy grande, ya que se le tenía enorme cariño, amor  y apego. Generalmente las mascotas las consideramos inseparables por su amor incondicional, su compañía real y desinteresada. Veamos un pequeño testimonio… “Hace dos días atropellaron a mi gata y estoy desconsolada, nunca pensé que se pudiera sufrir de esta manera la perdida de una mascota, estoy devastada, lloro todo el día, quisiera retroceder el tiempo pero se que es imposible. Espero que este dolor tan grande se suavice con el tiempo porque siento que me falta el aire. Gracias por escucharme”

   Ahora bien, frecuentemente el duelo motivado por la muerte o extravío de una mascota, es poco comprendido, y la gente se sorprende  que los dolientes pueden afectarse igual ó más que si se tratara de la muerte de un familiar , es decir, de un ¡ser humano! . En este caso , algunas personas en duelo, suelen esconder su dolor o aislarse, por temor a la crítica y el rechazo. Y con toda razón, ya que es muy desagradable ser juzgado por sentimientos y emociones que las otras personas no han vivido, no comprenden y por lo tanto, son incapaces de generar empatía, es decir, ponerse en lugar del otro, ponerse en sus zapatos, o ser capaces de comprender  la situación y las emociones por las que pasa quien pierde a su animalito.

      El ser humano reacciona con mayor o menor dolor ante una pérdida, en función del apego, del aprecio, del amor y del valor que le da al objeto, animal o persona perdida. No importa si se trate de un familiar que muere, un trabajo que se pierde, un miembro del propio cuerpo físico que tiene que ser amputado, un auto muy apreciado, una casa, una mascota o incluso una abstracción como pudiera ser “la libertad” , “la patria” .

   También podemos afirmar que la intensidad de un duelo estará en función del lugar,  las circunstancias, el que-quién-donde-como-cuando-porque- se da la pérdida o muerte.

   Es  así que una mascotita, por ejemplo un perro que  muere por atropellamiento y descuido de su dueño, puede generar sentimientos de odio-resentimiento ( contra quien lo atropelló) y culpa hacia uno mismo, mismos que no se presentarían, o al menos en la misma magnitud  en caso de muerte natural por enfermedad.

   Como quiera que sea, el dolor por la muerte de ese ser vivo que amamos y ha sido nuestro amigo, confidente y compañero fiel, es muy profundo y desgarrante.

   Retomando el punto de muerte repentina por atropellamiento, accidente u otra causa inesperada, e incluso, la desaparición de la mascota por robo o extravío, puede provocar conmoción, trauma, confusión, mucho mucho dolor , crisis, shock .

  “Este tipo de fallecimientos, puede marcar un antes y un después en la vida de los sobrevivientes o dolientes, porque nadie está preparado para una muerte repentina.” (1) Generalmente el dueño o dueña de la mascotita, no se pudo despedir , ni tuvo la opción de acariciarla, abrazarla y pedirle perdón por algún “mal cuidado” . Lo cual  genera mucha culpa, impotencia y desesperación. El doliente ya “no vive, sobrevive” , en efecto, se puede llegar a un grado de desesperanza, tristeza y amargura, en el que un sobreviviente se puede aislar y dejarse llevar por una depresión que se torna crónica, en algunos casos con deseos de muerte.

   “El doliente puede tener ganas de “no vivir ya más”.

    La muerte imprevista provoca cambios importantes en el significado de la existencia y de la vida en los deudos, es decir,  modificaciones en sus creencias ( pueden dejar de creer en Dios por ejemplo, o justamente lo contrario)” (De González, op.cit)

   El duelo que se genera puede recorrer un largo camino, si el sobreviviente ( o doliente), siente que su mascota era “su todo” , pues solo queda desolación , amargura y tristeza, pocas ganas de vivir, y otros sentimientos como confusión, irrealidad, angustia, incomprensión, inseguridad, desprotección, necesidad de que se haga justicia    ( en caso principalmente de atropellamiento o negligencia médica), resentimiento, deseo de venganza, desconsuelo, vacío, ansiedad, culpa y miedo.

  La culpa pudiera expresarse a través de pensamientos iguales o similares a los que se exponen a saber: “si hubiera estado ahí no hubiera sucedido” ; “si no lo hubiera sacado a la calle” ;  “ si hubiera sabido como reanimarlo” ; “si le hubiera hecho caso al primer veterinario” ; “no lo hubiera llevado al hospital” ,

   Ahora bien, en tanatología decimos: para superar el duelo y mejorar de manera considerable, es necesario “desarrollar, vivir el duelo” , es decir, implica vivir todo un proceso intrincado que puede atravesar por diversas etapas ( no definitivas ni indispensables en todo duelo) como son: shock, negación, ira-miedo, juicio y culpa, negociación, depresión,  perdón y superación. Cabe señalar que dichas etapas no con consecutivas y se pueden presentar paralelamente, incluso algunas de ellas podrán no aparecer jamás. Cada caso es único, dinámico e irrepetible.

   La muerte repentina puede causar un shock, caracterizado por una  crisis aguda inicial que se manifiesta con una desorganización individual  profunda , angustia e incredulidad y perturba su organización psíquica ( hay confusión, bloqueo mental entre otros) . En muchos casos, el doliente  ( paciente ) presenta somatización, con temblores, desmayo, aumento o baja de la glucosa, aumento o baja de la presión arterial, insomnio, etc.

   El shock puede durar  minutos, horas, días o meses.

   La negación o evitación es otra condición que la mayoría de las personas que tienen una pérdida significativa, van a presentar. Esta se puede caracterizar por  buscar y buscar y buscar otro nuevo veterinario que otorgue un diagnóstico favorable y no fatal, es decir,  de muerte próxima o enfermedad incurable.  Llegará el momento en que la persona, acepte el diagnóstico malo, y conceda que el animalito va a morir.

   Otro caso se presenta cuando la muerte es repentina, inesperada, así la negación , que opera como un amortiguador luego de enterarnos de la muerte inesperada y súbita, nos permitirá recobrarnos un poco, y con el paso del tiempo “  “movilizar otras defensas”  o implementar algunas estrategias para superar el duelo, mismas que veremos más adelante. (Sobre la muerte y los moribundos…op cit)

   La negación se puede tornar en crónica y patológica, es decir, cuando no se acepta la muerte de la mascota y de manera casi permanente se le busca, se le pone el plato para su comida, se le cambia el agua para beber, etc. Se vive la fantasía de que aún vive. Puede haber casos  neuróticos en los que se guarde el cadáver como si la mascota estuviera dormida.

   Algunas personas, una vez que superan la negación, pueden entrar en una etapa  de ira, rabia o sentimientos de envidia y resentimiento, como lo señala Elisabeth Kübler Ross, y el doliente suele preguntarse casi siempre: ¿porque a mí?, ¿porqué a mi bebé? …

   La ira puede enmascarar otra emoción que es el miedo o sería originada porque se cae en el juicio ( que puede ser correcto y verdadero) , es decir, se considera culpable a terceras personas: el veterinario, quien atropelló la mascota, quien no la cuidó, o uno mismo por “descuido” o falta de “cuidados” , etc.

   La ira es un sentimiento natural que debemos aceptar que está ahí  , pero podemos canalizar esa ira para ponernos en acción asertiva ( inteligente ),  que bien puede ir desde amonestaciones  y señalamientos a las personas que fueron descuidadas o negligentes, hasta una demanda legal contra quien provocó la muerte de la mascota ( el que atropelló si estaba en sus manos evitarlo) o por negligencia médica en caso de que proceda.  

   Cuando la ira se vuelve crónica ( llegó para quedarse), nos podemos atorar en el duelo, y apegarnos al resentimiento y deseo de venganza contra quien suponemos es culpable, o también se puede dar un sentimiento de culpa muy fuerte y entonces el doliente empieza con el autoflagelo, veamos este testimonio de atropellamiento de una perrita por un pequeño descuido involuntario: ….Hacerme heridas en uno de mis brazos hasta sangrar se convirtió en mi droga para escapar de toda la confusión que sentía. Mi vida, mis sentimientos y pensamientos estaban totalmente desordenados. Ver y sentir mi brazo herido me tranquilizaba, de alguna manera estaba pagando finalmente por haber acabado con la vida de mi Galia…. Pasó un año entero, mi mamá terminó por darse cuenta de lo que estaba pasando conmigo, las heridas de mis brazos (ahora eran los dos) ya no se podían ocultar. Mi vida cada vez se desordenó más y más, cada cortada para mi significaba la posibilidad de llegar a una vena importante y morir. Eso acabaría con mi dolor para siempre y en el fondo eso era lo que yo deseaba, pero nunca me atreví a materializar ese deseo. Las personas que llegaron a enterarse de lo que estaba haciendo empezaron a vigilarme y a rogarme desesperadamente que dejara de hacerlo” (3) 

   En el caso descrito, la persona que perdió a su perrita, vivió paralelamente ira, culpa y depresión.

   En el caso particular de la ira, el problema se presenta cuando nos atorarnos en ella  por amargura y/o juicio y falta de perdón, resentimiento, y ganas de venganza o autoflagelo por culpa. La venganza casi siempre se vuelve fantasiosa, y solo en mi mente me imagino todo lo que pagará el culpable. Cuando los casos se llevan a tribunales, hay escasa posibilidad de encontrar justicia, por lo siguiente,  atorarse en el resentimiento hace mucho daño al doliente, es por eso que una salida muy eficaz será el perdón, y no porque quien provocó la muerte de la mascota merezca ser perdonado en primer lugar, sino que el perdón es totalmente terapéutico y sanador para la persona que perdona, le conviene hacerlo por su propia salud mental/emocional y bienestar en general.

   Negociación, regateo, súplica, pacto.

   “Si no hemos sido capaces de afrontar la triste realidad en el primer período y nos hemos enojado con la gente y con Dios en el segundo, tal vez podamos llegar a una especie de acuerdo que posponga lo inevitable”. (Kübler-Ross op.cit) 

   Kúbler Ross tiene razón en su planteamiento, aunque es importante señalar que las etapas no se dan en una secuencia serial , ya que pueden combinarse, ir de manera paralela, o simplemente, alguna o algunas etapas no aparecen a lo largo del duelo. Cada duelo de cada persona será diferente, incluso dos o más duelos de la misma persona por muerte de diferentes mascotas, también serán únicos cada uno. El duelo es un proceso muy rico, muy diverso, abigarrado, y diferente para cada pérdida.

   Haciendo esta aclaración diremos que la negociación o pacto se da de manera muy frecuente y de manera espontánea en millones de personas, y consiste en un ruego-pacto con Dios o la deidad en la que cree la persona, ofreciéndole algo a cambio si devuelve la salud o incluso la vida a la mascota afectada. Veamos un ejemplo elocuente de dos intentos de pacto-negociación con Dios por un mismo perrito, en un caso no se logra el objetivo, y en un segundo sí …  “desde que me enteré de lo que sucedía con él [el perrito], empecé a vivir esta fase sin darme cuenta. Cada que buscaba ayuda con uno y otro médico, era porque tenía la esperanza de que Dios me hubiera escuchado y la siguiente opinión sería que todos los anteriores diagnósticos estaban equivocados. Obviamente prometí a cambio ser una buena dueña, sacarlo a pasear diariamente, cuidar su peso…etc., no fui escuchada.   Recuerdo perfectamente una crisis de Bony, en la que mi perrito se estaba ahogando tirado en el piso, recé y recé incansablemente hasta que se tranquilizó. En silencio y con todas mis fuerzas pedí que el dejara de sufrir y yo prometí aceptar lo que viniera, ser fuerte para él y para mí misma. En esa ocasión mis oraciones surtieron efecto, poco tiempo después él descansó”.

   Depresión.- Cuando llega la depresión, que puede estar entrelazada con etapas anteriores, es posible observar en el doliente, diversos síntomas como los siguientes ( no tienen que presentarse todos a la vez)

   Falta de ánimo, desgano, pesimismo, pocas ganas de vivir, falta de sueño, o deseos de dormir la mayor parte del tiempo, mucha pesadez, amargura, inapetencia, profunda tristeza, profunda soledad, ganas de morir, falta de esperanza, falta de fe, no se siente amado, pesimista, aislamiento, no se quiere bañar ni arreglar.

   Cuando por ejemplo, ya se tienen varios diagnósticos veterinarios idénticos, en el sentido de que la mascota ya no tiene remedio, y lo mejor es dormirla, entonces iniciamos lo que se denomina preduelo o dolor preparatorio. La persona observa a su mascotita como se va apagando lentamente como una vela, se encuentra ante la difícil y penosa situación de decidir sobre el momento de su muerte para llevarla a “dormir” con el veterinario ,  entonces puede preguntarse ¿Qué derecho tengo yo de decidir sobre su vida? ; ahora bien,  de manera paralela sufre al ver que el animalito tiene dolor y se percibe como un sufrimiento casi extremo. Es entonces cuando viene el siguiente razonamiento: es mejor ayudarla a morir para evitar que siga con tanto dolor.

   La función o ventaja del preduelo es que prepara a la persona para el desenlace final de muerte, tendrá tiempo de despedirse de su ser amado, acariciarlo, consentirlo, cuidarlo, hasta que llegue el momento.

   Veamos un testimonio de despedida:  …   Los animales aceptan la muerte de manera natural, como el ciclo de la vida simplemente. … Antes de que el momento final llegara, tomé a Bony entre mis brazos, encendí una luz y le hablé. Le platiqué como llegó a mí, todos los esfuerzos que hice por verlo sano, le pedí perdón por no haber hecho lo suficiente, por haber estado triste en muchas ocasiones y obligarlo a dormir junto a mí. Lo abracé con todas mis fuerzas y agradecí por la compañía que me había brindado, por todos los momentos felices que me regaló, por recibirme con tanta alegría cada uno de los días en que regresé a casa, por esperarme cuando tenía que viajar y dejarlo, por consolar mis lágrimas cuando las personas me decepcionaban, por cada minuto que compartió conmigo…. quedó dormido en mis brazos con la primera inyección que el veterinario le puso. Mientras iba cerrando sus ojos yo le hablé para que sintiera mi presencia en todo momento. Llegó la siguiente inyección y Bony simplemente se fue sin siquiera sentirlo. Más tarde, en el crematorio  …debemos de aprender de nuestros fieles compañeros a aceptar la pérdida de una manera digna de ellos. Quizá los veamos sufrir por la enfermedad que puedan tener, pero sabemos de su fortaleza y debemos aprender de ella para entender cuando el final se acerca.   Es difícil dejar ir a quien tanto amamos, pero al menos tenemos la seguridad de que su misión en la vida fue cumplida a cabalidad, pues nos habrán dejado grandes momentos y enseñanzas, el recuerdo de todo ello, podrá entonces ayudarnos a aceptar que su ciclo terminó”. (Duelo por la muerte de una mascota. op cit)

   Otro testimonio: …    … “El domingo tuve que tomar la dolorosa decisión de dejar ir a mi cachorrito era uno de tres hermosos bebes de mi niña Chispita y Duky (sus papas), era el único machito. Tenia un mal cardiaco tenia su corazón muy grande y esto le presiono sus pulmones y estomaguito, ya no había nada por hacer apenas iba a cumplir dos meses. Lo recuerdo sufriendo y me duele el alma no dejo de llorar y al mismo tiempo no puedo hablar con nadie de mi dolor solo con mis otros niños que seguro lo extrañan tanto como yo. Siento que nadie comprende lo que siento ¡¡¡por que para muchas personas es fácil pensar que solo por que tienen cuatro patitas y son peludos no nos debe doler como si se fuera otro humano!!! ¡¡Acaso el amor no es igual sin importar si son humanos o animalitos?!!! Yo como todos los que comparten aquí su pena estoy sufriendo mucho Así que quiero apoyarlos en mis oraciones aunque no los conozca” (anónimo)

  

 

 

MUERTE SÚBITA. En caso de muerte súbita, la depresión llegará en su momento, probablemente después de haber recorrido ese camino de negación, juicio y culpa, ira, y negociación. Puede suceder que la depresión por muerte súbita, sea más profunda y complicada, pues no hubo tiempo de despedirse e irse haciendo a la idea de que la mascota va a morir y se tiene la ventaja de que ya no sufra.

   Existe un tipo de duelo que vale la pena mencionar, el duelo congelado, que se significa por lo siguiente: en caso de extravío de la mascota, robo o secuestro, habrá todo un período, a veces muy largo ( puede durar meses) en el cual se tiene la incertidumbre si la mascota esta viva, si no se le está maltratando, o si ya murió. Total impotencia se siente pues no es posible saber de la condición de ese ser tan apreciado.

 Claro que mientras no se sepa el desenlace final, habrá dolor, tristeza, desesperación, ira y culpa, pero no es posible iniciar un duelo por pérdida definitiva, hasta que no se sepa la verdad. Si nunca se llega a saber realmente lo que sucedió, será un duelo complicado para superarse, pero no imposible.

   Homenajes y rituales

   Resulta muy recomendable llevar a cabo acciones para homenajear, despedirse y agradecer la presencia en nuestras vidas, de la mascota que fallece. Se puede realizar una acción escogiendo el día, el lugar, las personas que nos van acompañar ( pueden ser otras mascotas) . Cabe señalar que las personas creyentes, perfectamente pueden agradecer en primer lugar a Dios por todo el tiempo que fueron acompañados por esa mascotita.

   En caso de muerte, lugar estaría organizar un funeral en el lugar  y con las personas apropiadas, esto ayuda especialmente a los niños para comprender que se cumplió un ciclo, y que todo ser vivo nace, crece, se reproduce y muere ( los va preparando para entender la muerte del ser humano como algo natural e inevitable) .

   En cuanto al homenaje de despedida o recuerdo,  damos algunas breves ideas de lo que se podría realizar: escribir poemas, hacer canciones, escribir una carta, organizar un festín con otras mascotas, dar un donativo en alguna casa de ayuda a los animales maltratados.

   Existen personas que van más allá, comprometiéndose de manera generosa como voluntarios en albergues para animales, fundaciones que entrenan mascotas para apoyo de asilos, casas hogar, personas con discapacidad, etc.  Cabe señalar que ésta última forma de participación es profundamente sanadora, y permite que los dolientes desplieguen generosidad y compasión, lo que además de curar sus heridas, los enaltece y dignifica de manera formidable como seres humanos.

 

 

Como sanar y superar el duelo .

   A continuación presentamos de manera resumida, sugerencias para sanar las heridas que nos ha dejado la muerte de la mascota.

   QUE HACER?

   Es necesario considerar primero cuales serían las tareas de un duelo.                                                           En efecto, cuatro son las tareas o desafíos para elaborar correctamente el duelo (y disminuir posibilidad de que se torne en un duelo atorado):

1. Aceptar la realidad de la pérdida.

2. Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida. Expresar las emociones, compartirlas.

3. Adaptarse a un medio en el que la mascota fallecida estará ausente por siempre.

4. Recolocar emocionalmente la mascota fallecida, recordando solo los momentos alegres y felices vividos  

   Tomando en consideración lo descrito, pasemos a describir algunas sugerencias para ir desarrollando y superando el duelo.

   1.- Reconocer que  se ha iniciado el proceso de un duelo

   2.- Permítase vivir, sentir y padecer las emociones y sentimientos que se presentan en casi todos los duelos fuertes: tristeza y llanto, coraje-ira, miedo, resentimiento y culpa, etc.

   3.- Compartir con los más cercanos, los sentimientos y emociones, el llanto, la rabia, culpa y miedo. Resulta de gran utilidad acudir  al tanatólogo, grupos de autoayuda de manera presencial o en línea.

   4.- Elaborar álbumes de fotografías, videos de los momentos más hermosos con la mascota,                  (puede ser una serie de fotografías con música, sonidos, y otros efectos)  y compartirlos con las personas que lo aprecian

   5.-Haga una especie de diario o cuaderno donde diariamente  puede escribir sus emociones y sentimientos. Puede ser durante la noche antes de dormir. A muchas personas le es de gran utilidad este ejercicio.

   6.- Realice los actos de homenaje y recuerdo de su mascota descritos más arriba

   7.- Considere dar un obsequio o donación a los refugios de animales o centros de entrenamiento de mascotas para asilos, casas hogar. Se puede crear una página de internet para compartir todo lo relacionado con el animalito querido.

   8.- Mantenga hábitos saludables: buena alimentación con rico contenido en frutas y verduras, haga ejercicio cardio vascular 6 días por semana durante 30 minutos, disfrute la presencia de amistades cercanas y profundas, vaya a la Iglesia si es creyente, dedique más tiempo de calidad a su cónyuge, hijos y familiares cercanos, la lectura de buenos libres y actividades al aire libre.

   9.- No se recomienda adquirir una nueva mascota de manera inmediata a la muerte de la que amábamos para llenar ese vacío. Hay que esperar un tiempo prudente ( mínimo 6 meses a un año),  para permitir que las heridas vayan sanando y la aceptación de su muerte se vaya volviendo una realidad. En caso contrario, corremos el riesgo de sentir rechazo por la nueva mascota o no poder incorporarla cariñosa y saludablemente a nuestra vida, porque siempre la vamos estar comparando sin descubrir las cualidades y bondades de la nueva mascota.

 

 

 

        Notas bibliográficas

  1.   DE GONZALEZ A, Andrés  “Duelo por pérdida inesperada” en https://valledeloscedros.com.mx/post/49                  San Luis Potosí SLP
  2.   Kübler-Ross, E., (1993), Sobre la muerte y los moribundos, Barcelona, España, ed. Grijalbo
  3.   ALEJANDRE ROBLES, Nadia   “Duelo por la muerte de una mascota…”  AMTAC, marzo 2913

 

  

 

 

  

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Autor

Andrés de González Arguelles. Tanatólogo.
lunes 02 agosto 2021

Psicólogo y Tanatólogo Certificado por la AMTAC con más de 20 Áños de Experiencia.

Profesor de Diplomado de Tanatología en diversas universidades como UASLP, UCEM,UVAQ. Conferencias y cursos en IMSS, ISSSTE y otras instituciones.

Miembro de la Asociación Mexicana de Tanatología.

Director del Centro de Tanatología Vida y Plenitud.

Cuenta con Diplomados en Tanatología por la Universidad Colegio Latinoamericano de Educación Avanzada y Musicoterapia en Sociedad Peruana de Medicina Alternativa y Universidad Científica del Sur.

Ofrece conferencias de Tanatología mensuales sin costo en VALLE DE LOS CEDROS CAMPOSANTO.

  • Emergencia Tanatológica: 444 120 07 84.