¿Quién decide cuánto dura el duelo?

El duelo sucede cuando perdemos a alguien o a algo; puede ser a una persona, un objeto, nuestro trabajo o hasta relaciones con la demás gente. El duelo es una herida y por lo tanto, es necesario dejar que sane.

En esta situación podemos encontrar diversas fases, las cuales suelen tener un orden pero no necesariamente lo siguen, es decir, uno puede regresar de la tercera a la segunda etapa en cualquier momento, por lo que es importante siempre estar en contacto con nuestro duelo para entender qué está sucediendo y cómo podemos evitar los retrocesos.

Vamos a empezar explicando las etapas del duelo:

1- Negación. Todos los que hemos estado en duelo sabemos que en un principio no podemos creer lo que está pasando ni queremos aceptar que una persona falleció o que una relación terminó o que hemos sido despedidos de un trabajo (por poner algunos ejemplos).

2- Enojo o enfado. Esta etapa es delicada, ya que en muchos casos, el doliente, a causa de su enojo o enfado, puede tomar malas decisiones, caer en vicios y hacer cosas destructivas tanto como para sí mismo, como para con los demás.

El enojo puede ser contra la persona que se fue, contra el jefe que nos despidió o la amistad que nos dejó de hablar; por otro lado, el enfado puede ser contra uno mismo, reclamándonos que pudimos haber hecho más, que debimos decir más “te quieros”, que debimos haberle echado más ganas y otras cosas que lejos de ayudarnos, nos afectan. Entra aquí también la culpa y de nuevo, es una situación que no nos ayuda en el duelo. Se tiene que entender que en su momento, tomamos las decisiones que creímos correctas y que dimos todo lo que pudimos, por lo que pensar en los hubiera solo sirve para hacernos sentir peor.

3- Depresión. Aquí ya somos conscientes de que no importa cuánta negociación hagamos, no importa cuánto recemos, la muerte de ese ser querido o cualquier otro suceso ya pasó y no hay nada que podamos hacer. Esta otra etapa sigue siendo peligrosa pues también somos vulnerables a hacer cosas autodestructivas, somos propensos a pensamientos fatalistas como pensar que nunca más vamos a ser felices.

Algo importante a destacar es que en esta etapa la persona puede pasar de la tristeza normal a la depresión clínica, a los ataques de ansiedad, al aislamiento o a la agorafobia.

4- Aceptación. Llegamos a esta etapa ya cansados, hartos del sufrimiento que nos hemos puesto a nosotros mismos. A estas alturas entendemos que a pesar de que perdimos algo, podemos seguir adelante con nuestras vidas y que aislarnos, enojarnos, llenarnos de ira no sirve de nada.

La aceptación es este lugar donde nos damos cuenta de que nos somos los únicos que perdimos a un ser querido o los únicos que perdimos el trabajo o la pérdida que deseemos usar de ejemplo. En la aceptación, entendemos que esa situación que tanto nos ha herido estaba destinada a pasar, hubiésemos hecho lo que hubiésemos hecho, así que ya no hay más torturas, ya no hay más culpas, ya no hay más sufrimiento, solo resignación.

¿Cuánto dura entonces el duelo?

Quien diga una fecha determinada estará mintiendo. Cada duelo es diferente, por lo que nadie puede saber con exactitud cuánto durará. Así como hay personas que lo superan en unos pocos meses, hay quienes lo superan después de muchos años o, simplemente, jamás lo hacen.

Hay que recalcar que absolutamente nadie tiene derecho a decirle a alguien que acaba de perder a un ser querido “huy, lo que te falta, apenas vas empezando”. Esto predispone a la persona a que el duelo es algo larguísimo y de lo que uno no sale, cuando en realidad, con la ayuda de nuestros seres queridos, amigos y si es necesario, algún especialista, el duelo es mucho más llevadero y fácil de superar.

Por otro lado, cuando vemos que un familiar o amigo tiene lapsos largos de depresión fuera de lo normal o que intenta atentar contra su salud o vida, debemos persuadirlo con mucho amor para que busque ayuda, pues entonces el duelo puede convertirse en un cuadro clínico del cual no podrá salir sin ayuda de un profesional.

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