Cuando el duelo llega sin avisar: cómo afrontar una muerte inesperada.- Tema de Conferencia

¿Por qué acompañar al que sufre?
Andrés de González Arguelles

Hoy más que nunca el dolor se recrudece. En todas las familias hay sucesos verdaderamente difíciles, dolorosos, a veces escalofriantes. Pero en cualquier hogar podemos observar personas que sufren y que van cargando en la vida con heridas que no sanan: divorcios; muerte del ser amado – esposo (a), del hijo (a); enfermedades crónicas e incapacitantes; pérdida del empleo; secuestro; víctima de trata de personas y/o niños; pérdida de la casa; robo del auto; muerte de una mascota amada; cáncer; sida; enfermedades de transmisión sexual; pérdida de la libertad; etc.

¿Qué podemos hacer? Hay corrientes religiosas que afirman que se puede dejar de sufrir (entiéndase dolor). En realidad, el dolor es prácticamente imposible de evitar a menos que nos pongamos armaduras y nos volvamos unos robots insensibles, aunque es necesario reconocer que millones de personas intentamos reprimir, distraer o eliminar el dolor con esas armaduras en diversas etapas de nuestra vida, pero tarde o temprano el dolor se cobra con creces el haber querido evitarlo, especialmente cuando se trata de casos como los descritos más arriba. Es como una olla exprés que tapamos herméticamente y presionamos hasta que explota.

En efecto, lo mismo sucede con el ser humano: el volvernos duros ante el dolor y sufrimiento, nos conduce a la larga, a una situación como la
descrita, en la cual la persona sufre grave deterioro emocional y espiritual.

Cuando emerge todo ese dolor reprimido, nos damos cuenta de que nos ha dañado por dentro como una especie de cáncer, y que hemos venido alimentando, o favoreciendo con rencor o miedo o amargura o una mezcla de ellas.

La tanatología surge como una perspectiva para abordar y acompañar a las personas que padecen una enfermedad terminal, con el objetivo de brindarle un apoyo y cuidados de manera amable, y cariñosa, reconociendo su dignidad como ser humano en un momento doloroso y de dificultad por las consecuencias que acarrea una enfermedad, los tratamientos médicos, y la situación emocional en donde se conjugan diversos sentimientos: miedo, tristeza, coraje, impotencia, etc.

“…el dolor es imposible de evitar, a menos que nos pongamos armaduras…”

En los últimos años, el ámbito o espacio de acción de la tanatología se extiende para cubrir no solo a los pacientes que padecen una enfermedad de muerte y a sus familiares, sino también a todas las personas que sufren una pérdida como puede ser el divorcio, la infidelidad de la pareja, la pérdida de la salud o del empleo, el abandono, y todo aquello que provoca dolor y sufrimiento.

¿Qué es la depresión?

Es un estado psíquico emocional y espiritual que frecuentemente se presenta ante una pérdida inesperada, y se caracteriza a grandes rasgos por lo siguiente: Falta de ánimo, desgano, pocas ganas de vivir y/o ganas de morirse, amargura, profunda tristeza, falta de esperanza, falta de fe, pesimismo, falta de sueño, mucha pesadez y ganas de estar dormido. Inapetencia; sentir profunda soledad e incomprensión; no se sienten amados o amadas por nadie. La depresión reclama la imperiosa necesidad de ayuda profesional, para evitar que el duelo se vuelva crónico e imposibilite a la persona para retomar su vida normal y encontrar un nuevo sentido a su misma vida.

Existen algunos síntomas que nos permiten saber cuándo la persona necesita pedir ayuda a saber:
•Intensos sentimientos de culpa,
•Pensamientos de suicidio que van más allá del deseo pasivo de «estar muerto»
•Desesperación extrema. Siente que por mucho que lo intente, nunca va a poder recuperar una vida que valga la pena vivir.
•Inquietud o depresión prolongadas, Síntomas físicos, como la sensación de tener un cuchillo clavado en el pecho o pérdida sustancial de peso, amenaza para su bienestar físico.
•Ira incontrolada y/o venganza planeada Dificultades continuadas de funcionamiento normal en la vida, incapacidad para conservar
su trabajo o realizar las tareas domésticas necesarias para la vida cotidiana.
•Abuso de Sustancias: alcohol, drogas.
•Conductas temerarias: peligrosas, alocadas.

Sé que estás aquí
(Anónimo)

Aunque ya no te vean mis ojos,
aunque ya no escuche tu voz,
habita tu ternura en mi ser,
tu recuerdo vive en mi corazón.
Aunque no entienda la razón
por la que te llevaron al cielo,
aunque quisiera emprender contigo el vuelo,
y juntos poder estar.
Aunque las lágrimas me visiten a diario,
y cuente cada día,
aunque por ti cambiaría mi vida,
y retroceder el tiempo quisiera,
Sé que estás aquí…

En el soplo del viento cuando me siento solo,
o cuando de un árbol cae una hoja,
cuando veo una flor hermosa,
cuando una lágrima vuelve a brotar,
Sé que estás aquí…

Cuando siento la sensación de que alguien me cuida,
cuando no puedo encontrar la salida,
cuando necesito conversar,
sé que estás aquí para poderme escuchar.

Papito, me ha dolido mucho perderte,
no sé cómo describirlo, no sé cómo decirlo,
pero algo pasa dentro de mí,
y es que siento que aún sigues aquí,
y ya no tengo temor a la muerte,
porque sé que esperándome estarás
cuando al final de mis días
un abrazo de nuevo te podré dar.

Emergencia