Arteterapia y su uso en el duelo.

A veces el arte expresa lo que las palabras no pueden.

Desde tiempos remotos se sabe que el arte no solo es algo decorativo, sino que, es un medio para expresar los pensamientos y sentimientos ya sea de un individuo o de una sociedad.

Si nos vamos a los principios de lo que hoy conocemos como arteterapia, podemos decir que nació a partir de la Segunda Guerra Mundial gracias a un hombre llamado Adrian Hill, un hombre convaleciente de un hospital que decidió empezar a pintar para sacar todo lo que tenía dentro y desahogarse; cuando otros pacientes empezaron a ver lo que hacía y cómo lo hacía sentir, no dudaron en tomar la pintura y empezar sus propias obras, mismas que servían como catarsis para expresar todos los horrores que habían vivido en la guerra y que eran incapaces de decir.

Así que hoy en día se usan distintas técnicas de arteterapia ya sea para sanar, auto conocerse o mejorar el estilo de vida propio; pero lo interesante de este tema es cómo a través del arte podemos hacer catarsis de nuestras emociones, entenderlas e incluso darnos cuenta de algo que no sabíamos que estaba ahí.

La arteterapia en el duelo es una solución importante pues sabemos que, por ejemplo, los niños no poseen el mismo vocabulario que un adulto, por lo que las creaciones que hagan y los colores que usan, pueden reflejar perfectamente bien lo que sienten en ese momento.

Pero no solo funciona bien en los niños. Muchos adultos, como hemos mencionado antes, tienen un trauma tan grande que no saben ponerlo en palabras. Es aquí donde la pintura y el lienzo se convierten en un parlante en donde la persona es capaz de dar la información al terapeuta de lo que está sintiendo en ese momento.

Algo interesante de la arteterapia es que no es necesario tener conocimientos artísticos o de técnicas para poder llevarla a cabo pues, al final, lo que importa son los sentimientos, no la creación en cuestiones estéticas. La importancia de lo creado es lo que transmite al terapeuta.

Esta terapia no solo ha ayudado a personas como las mencionadas anteriormente, además, ha logrado cerrar casos en donde un niño, mediante la pintura, dibuja la escena del crimen que presenció, ayudando a los policías a hacer justicia. Esto demuestra que es de gran ayuda para todo tipo de personas (gente que haya tenido una pérdida, que haya presenciado un asesinato o incluso personas con enfermedades terminales.

A pesar de que la arteterapia está en pañales en nuestro país, es una materia en la que muchos psicoterapeutas están fijando la mirada al ver los increíbles resultados obtenidos en países como Estados Unidos y algunos otros de Europa.

¿Quién decide cuánto dura el duelo?

El duelo sucede cuando perdemos a alguien o a algo; puede ser a una persona, un objeto, nuestro trabajo o hasta relaciones con la demás gente. El duelo es una herida y por lo tanto, es necesario dejar que sane.

En esta situación podemos encontrar diversas fases, las cuales suelen tener un orden pero no necesariamente lo siguen, es decir, uno puede regresar de la tercera a la segunda etapa en cualquier momento, por lo que es importante siempre estar en contacto con nuestro duelo para entender qué está sucediendo y cómo podemos evitar los retrocesos.

Vamos a empezar explicando las etapas del duelo:

1- Negación. Todos los que hemos estado en duelo sabemos que en un principio no podemos creer lo que está pasando ni queremos aceptar que una persona falleció o que una relación terminó o que hemos sido despedidos de un trabajo (por poner algunos ejemplos).

2- Enojo o enfado. Esta etapa es delicada, ya que en muchos casos, el doliente, a causa de su enojo o enfado, puede tomar malas decisiones, caer en vicios y hacer cosas destructivas tanto como para sí mismo, como para con los demás.

El enojo puede ser contra la persona que se fue, contra el jefe que nos despidió o la amistad que nos dejó de hablar; por otro lado, el enfado puede ser contra uno mismo, reclamándonos que pudimos haber hecho más, que debimos decir más “te quieros”, que debimos haberle echado más ganas y otras cosas que lejos de ayudarnos, nos afectan. Entra aquí también la culpa y de nuevo, es una situación que no nos ayuda en el duelo. Se tiene que entender que en su momento, tomamos las decisiones que creímos correctas y que dimos todo lo que pudimos, por lo que pensar en los hubiera solo sirve para hacernos sentir peor.

3- Depresión. Aquí ya somos conscientes de que no importa cuánta negociación hagamos, no importa cuánto recemos, la muerte de ese ser querido o cualquier otro suceso ya pasó y no hay nada que podamos hacer. Esta otra etapa sigue siendo peligrosa pues también somos vulnerables a hacer cosas autodestructivas, somos propensos a pensamientos fatalistas como pensar que nunca más vamos a ser felices.

Algo importante a destacar es que en esta etapa la persona puede pasar de la tristeza normal a la depresión clínica, a los ataques de ansiedad, al aislamiento o a la agorafobia.

4- Aceptación. Llegamos a esta etapa ya cansados, hartos del sufrimiento que nos hemos puesto a nosotros mismos. A estas alturas entendemos que a pesar de que perdimos algo, podemos seguir adelante con nuestras vidas y que aislarnos, enojarnos, llenarnos de ira no sirve de nada.

La aceptación es este lugar donde nos damos cuenta de que nos somos los únicos que perdimos a un ser querido o los únicos que perdimos el trabajo o la pérdida que deseemos usar de ejemplo. En la aceptación, entendemos que esa situación que tanto nos ha herido estaba destinada a pasar, hubiésemos hecho lo que hubiésemos hecho, así que ya no hay más torturas, ya no hay más culpas, ya no hay más sufrimiento, solo resignación.

¿Cuánto dura entonces el duelo?

Quien diga una fecha determinada estará mintiendo. Cada duelo es diferente, por lo que nadie puede saber con exactitud cuánto durará. Así como hay personas que lo superan en unos pocos meses, hay quienes lo superan después de muchos años o, simplemente, jamás lo hacen.

Hay que recalcar que absolutamente nadie tiene derecho a decirle a alguien que acaba de perder a un ser querido “huy, lo que te falta, apenas vas empezando”. Esto predispone a la persona a que el duelo es algo larguísimo y de lo que uno no sale, cuando en realidad, con la ayuda de nuestros seres queridos, amigos y si es necesario, algún especialista, el duelo es mucho más llevadero y fácil de superar.

Por otro lado, cuando vemos que un familiar o amigo tiene lapsos largos de depresión fuera de lo normal o que intenta atentar contra su salud o vida, debemos persuadirlo con mucho amor para que busque ayuda, pues entonces el duelo puede convertirse en un cuadro clínico del cual no podrá salir sin ayuda de un profesional.

Cómo explicar la muerte a los niños.

No hablar de la muerte con nuestros hijos o parientes infantes puede causar más confusión y tristeza de la que ya experimentan sin saber por qué.

Todos queremos proteger a los niños de las cosas malas que los rodean, ya sean personas, cosas o sucesos; pero la muerte, aunque dolorosa, no es algo malo y tenemos que obtener las herramientas para poder explicarle a un niño por qué su perrito ya no está o por qué el abuelo no volverá.

Esta es una tarea difícil y representa un gran reto pues nosotros, al ser adultos, tenemos un diccionario muy grande en nuestras mentes en donde podemos encontrarle sentido a lo que pasa y a lo que se nos dice; pero los niños no. Su lenguaje es más bien simple y es por eso que muchas veces tiene más sentido lo que un niño expresa que lo que expresa un adulto cuando se le pide una explicación.

Un niño es sincero, por lo tanto, espera esa misma sinceridad del adulto. El niño es honesto, por lo tanto, espera esa honestidad del adulto. Entonces, ¿cómo podemos explicarle a un niño lo que es la muerte?

Hay que empezar diciendo que prohibir ese tema en casa o evitar que los niños asistan a un funeral no es la manera adecuada de “proteger” a nuestros hijos. No es que se tenga que hablar diario de ello pero llegará un día en el que el niño tenga que afrontar una pérdida (de alguna mascota, un ser querido o hasta un amiguito en el colegio) y hay que saber cómo responder a sus preguntas, por lo que tener prohibida a la muerte en casa es algo que no debe suceder.

Algo que muchos adultos usan para hablar de este tema es la famosa frase “ya está descansando”. Mal. Esto asusta al niño y le hace pensar que estar cansado, en el sentido literal, puede hacer que sus padres o incluso él mismo, ya no despierte jamás. Si quien falleció fue una persona enferma o alguien de edad muy avanzada, en vez de decir que ya está descansando, podríamos intentar explicar, con palabras muy sencillas, lo que el difunto estaba pasando y sintiendo, pero sobretodo, dejar en claro que no importa la edad o la salud, la muerte es algo que tenemos que vivir en algún momento, ya sea con los demás o nosotros mismos y que eso está bien y es natural, porque si no fuera así, no todos moriríamos.

Pero ¿cómo podemos decirle a un niño que la muerte es algo a lo que vamos a tener que darle la cara tarde o temprano, siendo que en un funeral vemos a todos llorando, tristes porque esa persona se fue? ¿cómo podemos hacer que un niño entienda que la muerte es parte de la vida y que no debemos temerle o estar tristes por ello?

Una excelente idea es hablarles de lo que nosotros, como padres, creemos que hay después de dejar este mundo. Según nuestra religión, podemos decirle al niño lo que le espera de acuerdo a la fe familiar, y si no se tiene una religión definida o se es ateo, podemos contar al niño las experiencias de las personas que han muerto por unos minutos y han regresado. Dichos relatos llenan de paz a quien los escucha; pero hay que tener mucho cuidado pues entonces ahora el niño puede pensar que para sentir paz, dejar de estar aquí es una opción.

En #TanatologíaValle te damos un tip para poder hablar de todo esto con los niños: las metáforas y las parábolas.

Gracias a la tecnología, podemos ver en internet el proceso por el que pasa una oruguita para convertirse en mariposa y qué mejor ejemplo que este. Cuando un niño pregunte qué es la muerte, podemos enseñarle un video, el cual usaremos como referencia diciendo que nosotros somos como las orugas y que cuando hemos terminado nuestro proceso, salimos de nuestro capullo para convertirnos en mariposas, volando libres por los cielos, sin miedos, sin ataduras, siendo hermosas y majestuosas.

¿El capullo? El capullo es el cuerpo que la oruga dejó atrás para poder convertirse en mariposa, por lo que debemos tener respeto por este pero entender que la persona o la mariposa, ya no está ahí, ya esta en los cielos volando.

Tal vez para un adulto la historia de la mariposa sea simple pero recordemos que los niños son sencillos y esperan esa sencillez. Por otro lado, existen muchos libros hoy en día en donde se habla de la muerte y está dirigido a los niños.

No importa si usas metáforas, parábolas, el Día de los Muertos o libros, evita prohibir este tema en casa, porque aunque sabemos que “niños” y “muerte” es una combinación de palabras que no queremos tocar, es necesario que ellos entiendan con valentía lo que es la vida y la muerte.

¿Qué hacer con las pertenencias de nuestros seres queridos fallecidos?

Deshacerse de las pertenencias de nuestro ser querido puede ser muy duro pero no imposible.

Cuando un familiar fallece, uno de los retos más grandes a los que nos debemos enfrentar es el deshacernos de sus cosas. Mucha gente piensa que hacer esto es un acto desconsiderado para la memoria del difunto, pero, en realidad, es algo que tenemos que hacer tarde o temprano.

El aferrarse a las cosas materiales puede sucederle a cualquier persona y por eso es que conocemos casos de personas que perdieron un hijo hace 10 años y conservan su habitación tal y como la tenía en aquel entonces. También hay casos donde un adulto fallece y su pareja deja por muchos años intacto el último vaso que usó o un cenicero con colillas de los últimos cigarrillos que fumó.

Debemos aclarar que, aunque no sea muy sano, cada proceso de duelo es distinto en cada persona, por lo que no se debe juzgar a nadie ni presionarlo para que se deshaga de las cosas. Aún así, hacerlo puede ser incluso liberador para la persona que enfrenta la pérdida.

Por eso en #TanatologiaValle te damos algunos tips para que este proceso sea más fácil para ti:

1- Da pasos pequeños: Las pertenencias conmemoran toda la vida de una persona y deshacerse de ellas puede hacernos sentir que estamos invadiendo el espacio del difunto o faltándole al respeto. Además, estar listo lleva un proceso, por lo que esto debe hacerse con calma.

2- Pregúntate qué te es útil: No tienes que deshacerte de todo lo que esa persona poseía. Muchas de sus pertenencias pueden servirte en el día a día y es una bonita manera de recordarla.

3- Pregúntate qué le es útil a los demás: Si has perdido a un familiar, es muy probable que su ropa no te sirva de mucho. Lo mismo pasa si fallece un niño en tu familia. ¿Qué puedes hacer con todo aquello que no te sirve?

Algo que en Valle de los Cedros hacemos constantemente es pensar en los demás, en especial, en todos aquellos que no tienen las mismas oportunidades ni bendiciones con las que cuentan otros, por lo tanto, todo aquello que no utilices, puedes donarlo a quien más lo necesite.

Por ejemplo: si ha fallecido tu padre o tu esposo, puedes hacer paquetitos con ropa y zapatos de él y darlo a los señores que están en los semáforos vendiendo cosas.

Si ha sido tu hijo el que falleció, puedes donar su ropa a los niños con cáncer en los hospitales, así como sus juguetes o hacer una colecta con más niños que tengan juguetes que no usen y llevarlos a alguna comunidad.

4- La caridad sana el alma. Dentro de nuestra filosofía tanatológica, la caridad nos ayuda a ver nuestro dolor y el de los demás, entendiendo lo que pasa por la mente y corazón de otros. Cuando se hace caridad, ganamos amor, empatía y hasta hacemos verdaderos amigos; y así como la caridad es amor, nuestro ser querido que se fue seguramente estará feliz de saber que sus cosas ayudan a otras personas.

5- Si no estás seguro de querer hacerlo, no lo hagas. Como hemos dicho antes, desprenderte de las cosas de un ser querido no es fácil y así como hay gente que no es apegada a lo material, hay quienes se aferran a estas hasta que están listos para dejarlas ir. Si eres una persona que le da mucho significado a los objetos y no estás seguro de querer tomar este paso, no lo hagas.

Recuerda que no importa que decisión elijas, tarde o temprano tu corazón y tu alma sanarán y podrás hacer con dichas pertenencias algo bonito que haga homenaje a quien se fue.

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